DEL PODER COMO MÉTODO AL PRINCIPIO COMO FIN


En el 21° Informe sobre Riesgos Globales, presentado en el Foro de Davos de 2026, se considera la polarización social como el tercer riesgo de corto plazo, después de la confrontación geoconómica y la desinformación informativa.Es decir, temas como salud, medio ambiente y tensión geopolítica, que en los últimos años ocuparon el podio, pasaron a un segundo plano.

La polarización social habla de crecientes tensiones políticas, económicas, que son catalizadas por una ola de desinformación creciente, merced al mal uso de la herramienta digital y la manipulación de derechos civiles y sociales básicos. Es decir, las tres variables de mayor preocupación en Davos se retroalimentan entre sí y, en su significado más profundo, alertan sobre estados de descomposición social tanto en el ámbito de la política interna, como en la comunidad internacional.

Al mismo tiempo, se critica de este foro que habría quedado desactualizado y que la discusión global estaría mejor enmarcada en la Conferencia de Seguridad de Munich, cuyo eje de discusión se define principalmente no en los negocios y la economía internacional, sino en torno a la seguridad y la geopolítica. Desafíos como la crisis energética europea después del desacople con Rusia, la crisis en el seno de la OTAN, el impacto en la economía internacional de la crisis en Medio Oriente o el tratamiento del factor tecnológico como asunto de seguridad, son abordados en Munich. 

Sea un foro o el otro, el mundo se revela como más caótico, menos institucionalizado y más imprevisible, a la par que más militarizado, menos liberal y más autoritario. En crisis el mundo liberal tal como se conocía, se observa que si bien, éste tenía su cinismo e hipocresía, en el mundo actual las confrontaciones actuales eliminan descaradametne criterios valorativos y de principios. 

Más allá de que la geopolítica siempre estuvo presente, aunque con diversos grados de evidencia, los marcos valorativos definen de algún modo los principios éticos en los que se dan las discusiones, tensiones y conflictos. La actual preponderancia de un enfoque transaccional en el ejercicio de la política exterior diluye toda referencia a principios éticos. De este modo, el Estado y el Príncipe recuperan un rol protagónico, al mismo tiempo que conviven con los factores de construcción de poder interno vigentes. 

Su coexistencia con corporaciones económicas, financieras, empresariales dotadas de atributos de poder prácticamente de la magnitud o aún más que muchos Estados, influye para que el enfoque transaccional se imponga. Esto, más allá de que se trata de un estilo de liderazgo político y gubernamental que es parte del "fenómeno Trump". 

No obstante, el rol de la Unión Europea en el declive del derecho internacional es relevante, lo que contribuye a la peor crisis de este marco normativo desde la Segunda Guerra Mundial, merced también al regreso intempestivo del conflicto bélico territorial en Europa, primero en la ex-Yugoslavia y después en el espacio geográfico de la ex-URSS, principalmente en Ucrania y Rusia. El rol difuso de la UE en materia de respecto al derecho internacional se vio particularmente en casos de carácter económico-financiero, en el uso de dobles estándares e instrumental ideación selectiva de patrones nacionales o comunitarios, según conveniencia, confrontando en todo esto normativa de la ONU.

Desde el punto de vista histórico, un mundo fuera de los marcos valorativos que brindan las ideologías, se lo observa en el llamado Antiguo Régimen, es decir, en las monarquías pre-revolución francesa, cuyos últimos vestigios llegan hasta las monarquías liquidadas en el marco de la Revolución Bolchevique y de la Primer Guerra Mundial (Rusia, Prusia, Austria-Hungría). Sin embargo, previo a este período, cuando ya había tenido su génesis el Estado moderno, en el orden Westfaliano, los principios religiosos servían más o menos de guía ética y marco valorativo para las conductas de las naciones-Estado. 

Las sucesivas crisis de las ideologías modernas, liberalismo, fascismos, socialismos y actualmente el socialismo-liberal o progresismo, abren la puerta un contexto en el que principalmente las potencias desafiantes del orden anterior han sabido disputar un espacio desde un enfoque despojado de ideología (Rusia y China principalmente, aunque el patrón lo comparten con Turquía y la India principalmente) y que Trump finalmente lo ha incorporado en un tipo de política exterior que se ha denominado como transaccional. 

Sobre los resultados a esperar será objeto de análisis del siguiente artículo, lo que terminará de contornear la idea que da sentido al título del presente. 



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