CUANDO EL RETORNO A LA CASA COMUN SE CONVIERTE EN UN NUEVO MURO DE BERLIN

La expresión que da origen al título del presente artículo se remonta a fines de la Guerra Fría, cuando Mijail Gorvachov en una entrevista periodística planteaba expresamente a Alemania, como principal potencia de la Unión Europea, un reposicionamiento frente a los Estados Unidos en su apoyo durante la Guerra Fría y que reviera la idea de la "Casa Común Europea", conjuntamente con Rusia. En algún sentido dicha propuesta se relaciona con el objetivo soviético en la post-Segunda Guerra Mundial de mantener una Europa neutral en un contexto internacional que se vislumbraba bipolar. 

El sueño de un espacio de fuerte intensidad de relaciones políticas, culturales, económicas, financieras que abarcara todo ese inmenso espacio de Portugal al Extremo Oriente de Rusia siempre encontró de frente una férrea voluntad de los EEUU de evitar acercamientos demasiado profundos y prolongados entre Europa y Rusia, que acentuarían el carácter insular de los EEUU y darían el dominio del globo a este gran espacio geopolítico y económico. 

La Casa Común Europea no fue posible por diversas razones. Por un lado, la Perestroika no siguió una secuencia reformista positiva y a la altura de una superpotencia, como lo era hasta entonces la URSS y aspiraba a seguir siéndolo de algún modo su sucesora, Rusia. Por el otro lado, la neutralidad europea no se vio favorecida tras sucesivas olas expansivas de la OTAN hacia el Este y una creciente tensión y fragmentación entre este bloque y Rusia y China por el otro. 

El punto extremo de estos procesos se alcanza durante la Operación Militar Especial de Rusia contra Ucrania, en donde lo que se discute no es la perspectiva de una Europa neutral, sino la neutralidad de un país con una identidad histórica y tradicional con Rusia, como lo es Ucrania. Tras cuatro años de conflicto bélico y cambios de gobierno y orientaciones políticas en los países, lo más notorio es el cambio en los EEUU. Una nueva administración Trump abre nuevas perspectivas negociadoras con Rusia y Ucrania, cuando es Europa la que representa las posiciones más beligerantes y donde se fomenta una percepción anti-rusa.

El otro gran conflicto que se consideró en este blog en un anterior artículo dentro de una línea de análisis de una Tercera Guerra Mundial por capítulos, como real y con un potencial de mayor belicosidad, es el de Medio Oriente. Finalmente, después de las acciones bélicas de Israel en Gaza por el atentado terrorista de Hamas del 07 de octubre de 2023, que incluyeron una serie de ataques preventivos de Israel-EEUU contra Irán, el siguiente descalabro se da en el bombardeo conjunto de esas potencias a este país y magnicidio del Ayatoallah Alí Hoseiní Jameneí. 

El inicio de una guerra sobre la que no hay fecha de finalización prevista, no solamente produjo un descontrol en los precios internacionales del petróleo y gas, sino también una desestabilización regional que incluyó en dicha guerra a todos los países árabes vecinos, con bases militares activas de los EEUU en ellos. Al mismo tiempo, el conflicto debilita a los importadores de dichos recursos, principalmente a la Unión Europea y China. 

Es más, dada la situación de precios internacionales de tales recursos y el fuerte incremento que ya se produjo a una semana del inicio del conflicto bélico, los EEUU decidieron suavizar sanciones a Rusia para de ese modo este país pudiera contribuir a un aumento de la oferta internacional de hidrocarburos, puntualmente con la India, y así suavizar el impacto en los precios, inflación y cadenas productivas y financieras internacionales. 

Si bien China tendría una mayor resiliencia a un impacto energético de este tipo, para la UE el efecto negativo sería mucho mayor, consecuencia del desacople energético en el marco de las sanciones contra Rusia por Ucrania, y su mayor dependencia de recursos energéticos desde Medio Oriente, principalmente gas licuado de Qatar. 

Más allá de la evaluación sobre lo justificado del ataque preventivo, las consecuencias indeseables o imprevistas del ataque contra Irán,  acentuarian en  algunos analistas las consideraciones en torno a la presunta ausencia de consultas previas entre aliados sobre dicha acometida militar. Acentuaria dicha percepción una gestión no adecuada de las múltiples crisis regional e internacional (política, económica y financiera, de seguridad, migratoria, energética y alimentaria) que se producirían ante un conflicto bélico prolongado y la evaluación sobre errores de cálculo estratégicos y tácticos. 

Esto sumado, a las diferencias que se producen entre la UE y los EEUU en torno a la guerra en Ucrania, incentivaria aún más la búsqueda de soluciones, vías de acción y marcos conceptuales más autónomos del bloque europeo respecto a su tradicional aliado transatlántico. 

En este caso, no se descarta un replanteo profundo y estratégico de un inicio de flexibilización de sanciones de la UE contra Rusia en el sector energético, lo que dado el contexto geopolítico actual tendría derivaciones hasta en la negociación de un esquema cuatripartito de la paz en Ucrania, en reemplazo del actual tripartito (EEUU, Ucrania, Rusia). Igualmente, el regreso a importaciones energéticas baratas desde Rusia muy difícilmente sería en un esquema de proveedor único, sino que compartiría mercado con los otros proveedores que han aumentado en estos años su participación en el mercado europeo, incluido los EEUU.

Es más, el conflicto en Medio Oriente, viendo lo complejo del mismo, también seguiría un arreglo negociador cuatripartito en una región donde histórica y políticamente los EEUU, Rusia y la UE han tenido una fuerte participación. Esto sentaría precedentes para lo que se observa como el posible siguiente gran conflicto en lo que venía considerando como la Tercera Guerra Mundial por capítulos, me refiero a Taiwán.  

No obstante, si bien una Europa neutral se vislumbra como la única salida de su actual postración como potencia mundial junto a los EEUU y China, un retorno a cierta “Casa Común” con Rusia incluida, sería un factor potenciador para ambas partes. Rusia puede compartir posiciones estratégicas y de carácter civilizacional con China, pero su raíz europea es demasiado fuerte como para obviar y el planteo del factor cultural en una época de crisis del liberalismo es crucial. 

En el contexto actual, el realismo político y la competencia por recursos críticos cambian modos establecidos de entender los derechos humanos, el capitalismo y hasta la democracia. Es más, hay analistas que consideran que inclusive las élites internacionales van hacia un sistema global de carácter de algún cleptocrático.

Frente a este fenómeno, las raíces locales vía resurgimiento de tendencias nacionalistas moderadas irán acercando posiciones en torno a ciertos valores en común que se orientan hacia un humanismo de carácter integral. Esto podría incentivar procesos auténticos de defensa de valores como la vida, la libertad y desarrollos armónicos y respetuosos del crecimiento individual y social.

Sin embargo, “Muros de Berlín” renovados subsistirán y harán más remota la posibilidad de un regreso a la “Casa Común”. Esto es así mientras motivos de reacomodamiento geopolítico y económico no abran vía a un nuevo cierto orden donde prime el diálogo entre iguales y un compromiso por la paz y el desarrollo armónico. Se ve esta posibilidad de modo primigenio en esquemas de negociación multipartitos ante las crisis bélicas de la Tercera Guerra Mundial en capítulos. 
 

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