RESURGIMIENTO DEL FACTOR CIVILIZACIONAL COMO RESPUESTA SISTEMICA AL HASTIO DE LOS PUEBLOS

En el mundo la marea conservadora y de resurgimiento de las derechas se expande como un manto que cubre allí donde hasta hace poco tiempo atrás el liberalismo socialista de tipo progresiste proclamaba un pensamiento único y donde las grandes plataformas digitales y su uso masivo tuvieron su génesis y fuerte impulso.  Sea por el triunfo electoral de gobiernos con una orientación política basada en los valores culturales tradicionales y una mirada renovada hacia el simple "sentido común", sea por el auge de una nueva oleada de religiosidad, las posibilidades siguen abiertas a tal tipo de cambios, con matices variados y diversos. 

En el primer caso, el triunfo de tal tipo de pensamiento y cultura política en la principal potencia mundial, los Estados Unidos, marca no el inicio de tal corriente, sino una consolidación, ya que previamente en el mismo continente  americano, Argentina, con la llegada de una fuerza minoritaria y políticamente insignificante, de la mano de Javier Milei, marcaba un nuevo horizonte. Horizonte que no es más que una mirada fresca a los valores y principios que cimentaron las familias y la sociedad de este país. La consolidación de este movimiento político rápicamente produjo réplicas en el continente y en otras partes del mundo, que ya seguían cierto tipo de liderazgo similar, como en Hungría, Eslovaquia, Italia, El Salvador, con manifestaciones de resonados triunfos de la derecha en los principales parlamentos europeos. Esta semana el triunfo de esta orientación política en Polonia consolida esta tendencia en la Unión Europea. 

El segundo caso es el de las conversiones, numerosas y entre jóvenes principalmente, en países significativos, como los EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania y algunos de Europa del Este, sin contar el potencial de una nueva oleada religiosa cristiana-católica en el primer país con la elección del primer Papa  norteamericano. Resta por ver como esto último influirá en la tradicional cosmovisión de la sociedad y la clase política de este país sobre la cuestión de Medio Oriente y los derechos y reclamos milenarios de las partes en conflicto. Pero, la agudización del conflicto en esa región, confluye con tendencias internacionales moderadoras donde se priorizan las cosmovisiones tendientes a dar mayor cabida al interés de la sociedad civil, su estabilidad y posibilidades para un ejercicio efectivo de su derecho al bienestar general y crecimiento armónico. 

La búsqueda de nuevos patrones ordenadores del conocimiento, a través de estándares de conocimiento políticos y religiosos más tradicionales, se relaciona con la sensación de desamparo del hombre y la sociedad civil, a lo que se suma un fuerte decontento hacia la clase dirigente y formación de círculos de hierro en sistemas oligárquicos de entropía socio-política. La asfixia social producto de los gobiernos con tintes de bio-dictadura durante la pandamia del COVID-19 se agudizó con la dictadura del pensamiento único de tipo liberal-socialista, para dar como resultado un hartazgo hacia este último tipo de experimento colectivista. 

Históricamente, los anteriores sistemas de tipo colectivista, en los que el Estado planificador y omnipresente, el Leviatán que por esencia aniquila al ser humano, individuo y persona, se identifican con el Comunismo Marxista, su reacción el Nacional-Socialismo y finalmente, después de un reinado liberal unipolar en la post-Guerra Fría, la aparición del híbrido Liberal Socialista. En este el complejo Estado-Sociedad Civil de carácter gramsciano, termina el proceso de atomización social, el aniquilamiento de la sociedad por desaparición del pensamiento individual y creativo, con una dictadura sistémica del pensamiento único y un simbiosis público-privada de fuerte ingeniería y control social. 

 El doble salto desde diversos pueblos hacia aspectos que se relacionan con un retorno a parámetros y anclajes civilizacionales clásicos, se relaciona con un múltiple traumatismo cultural: el rechazo de las corrientes políticas liberal-socialistas de pensamiento único por su efecto disgregador social; un retorno a rasgos culturales de territorialidad frente a una globalización en crisis en sus aspectos fundamentales (cultural, económica y política-militar); la terrible experiencia de bio-dictaduras durante la pandemia del Covid-19; el avance tecnológico sin frenos con la Revolución Digital y su efecto anarquizante sobre el conocimiento humano; la consolidación de oligarquías de tipo "democráticas" conjugadas con un gobierno transnacional de las grandes corporaciones tecnológicas; reformulación de los derechos civiles y políticos de la sociedad civil ante este panorama. 

Esta dinámica se da con el telón de fondo de un regreso de la guerra territorial como modo de resolver los conflictos internacionales entre grandes potencias, sin instancias de negociación multilateral aceptable y efectiva y con la amenaza de un Armaguedón final irreversible. La guerra total como concepto que describe el enfrentamiento desde el s.XX se muestra combinado actualemente con el catalítico de la guerra híbrida, en el que los múltiples actores intervinientes están en una conflagración total mundial y con instancias de contención prácticamente inexistentes, por la irrupción cruda y magnífica del factor tecnológico, que agiganta el poder de los Estados, de los interses económicos corporativos y de la desinformación social al infinito. 

El retorno a los intereses fundamentales de los pueblos a través de gobiernos con tendencias tradicionalistas y con eje en valores democráticos de sanos y moderados nacionalismos civilizacionales, sumado a la marea religiosa, tienen el potencial de cambiar la dinámica antes descripta. Sin embargo, no está del todo clara la clara la expresion politico-institucional que cabría a este nuevo fenómeno; como así tampoco los mecanismos de participación social para ampliar la movilidad social, política y económica desde las bases; ni los instrumentos de pedagogía cultural-política para no caer en una sustitución populista y tiránica de un pensamiento por otro. La tarea es titánica para no sucumbir en las urgencias electorales de cada país en la lucha cruda por los votos y los riesgos de profundizar la anomia social a que han conducido los sistemas políticos de tipo contractualistas hobessianos. El hastío social y la caída cultural es tan profunda, que sólo desde un armazón de liderazgo con una fuerte mística de identificación con el interés nacional y civilizacional se podrá alentar de modo perdurable estos procesos de restauración sistémica generalizada. 

 


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