DESAFIOS PARA AMERICA DEL SUR EN LA NUEVA GLOBALIZACION
En el artículo del 28 de setiembre pasado, abordo en este blog el tema de la desglobalización como una paradoja de la globalización, proceso que se comprende desde la interferencia del factor geopolítico en la relación de las grandes potencias. De esto resulta la irrupción de aspectos vinculados a la seguridad y defensa en las políticas tecnológicas y económicas de dichos líderes mundiales en un orden internacional crecientemente multipolar, lo que da un nuevo carácter al ciclo de globalización iniciado en 1989.
Este fenómeno es visible en las relaciones económico-comerciales internacionales, sobre lo que me refiero en otros artículos de este blog. Principalmente, se observa un crecimiento vertiginoso de las medidas en frontera que complican intercambios comerciales normales, en favor de un desvío de flujos de comercio con países "amigos". Sin embargo, se dan excepciones en bienes estratégicos, que se siguen importando de países geopolíticamente rivales (por ej., titanio y uranio de Rusia a los EEUU, tierras raras de China a Occidente, petróleo de Venezuela a los EEUU). También se terciarizan bienes provenientes de rivales a través de países más afines, lo que favorece la inflación como proceso global.
Sin embargo, así como las sanciones se han revelado inútiles en el caso de Rusia, los obstáculos al comercio tradicionales también demostrarían cierta inoperancia. La causa sería la misma, es decir, la complejización de los intercambios internacionales, principalmente por la incidencia del factor tecnológico, permite diversas posibilidades a las empresas para adaptarse a estas condiciones adversas. Por esto, el comercio internacional y los flujos de inversión productiva y financiera siguen una tendencia ascendente propia de la globalización.
En el mismo sentido juega la red de acuerdos de libre comercio, algunos de nueva generación por las disciplinas que cubren, que permiten a Estados y empresas amoldarse a las condiciones que impone la securitización de la agenda internacional. Otra brecha que se abre con misma orientación es lo analizado en el artículo del 28 de noviembre, sobre la creciente irrupción de la agenda del Sur Global en la agenda internacional, hecho principalmente visible en el G20. Los temas incluidos bajo dicha tendencia favorecen una agenda de paz por sobre la militar, ya que principalmente se enfatiza el desarrollo de las naciones, la cooperación económica en un marco de mayor armonía internacional y superación de flagelos como el crimen transnacional y los cataclismos naturales y secuelas en poblaciones menos protegidas.
Sobre los Acuerdos de libre comercio, en este contexto adquiere especial relevancia el Acuerdo UE-MERCOSUR, firmado entre ambos bloques en diciembre pasado, que creará un área de libre comercio que incluye una población de 780 millones de personas. Después de décadas de negociación se produce este acto cargado de significación, más aún cuando el presidente electo de los EEUU promete profundizar el proteccionismo, que ya es un rasgo relevante del contexto internacional. Además dicho acuerdo se da entre una UE en crisis, que puede recibir recursos estratégicos de América del Sur, y estos un acceso más amplio a un mercado prioritario para sus exportaciones.
El mencionado acuerdo incluye el capítulo ambiental, que compromete a las partes a alcanzar la neutralidad climática en 2050. Argentina adhiere también a este punto, a pesar de haber retirado su delegación oficial de la conferencia anual de la ONU sobre clima el mes pasado en Azerbaiján, previéndose que podría retirarse del Acuerdo de París. Menciono este punto porque el otro aspecto de la nueva globalización se relaciona con el factor cultural, el que se relaciona con el enfoque predominante internacional sobre la cuestión climática. En tal sentido, Argentina, viene representando una posición que la acerca a otros países (Italia, Hungría, por ejemplo), que contradice el discurso cultural único y hegemónico, más allá de haber demostrado cierta flexibilidad para llegar a la firma del acuerdo con la UE.
En el ámbito de la cultura es donde se abre la otra cuña que define la nueva globalización. El fin del discurso único, de carácter neo-marxita o gramsciano, a escala global queda definido con el nuevo gobierno que ocupará la Casa Blanca en los EEUU en breve. Su orientación conservadora, principalmente en lo que hace a ciertos valores culturales, favorece el diálogo con competidores geopolíticos como Rusia, ubicada culturalmente en Occidente o al menos en el Occidente más humanista y conservador. Dicha sintonía facilitaría en principio una posible reformulación en algún aspecto de las relaciones de ambas potencias con China en post de una posible distensión geopolítica.
La competencia por espacios y recursos estratégicos continuará, pero habrá una sintonía diferente, en la que potencias medianas como la Argentina, Hungría, Eslovaquia, o mayores, como Italia, tendrán un rol relevante en la construcción de espacios de paz y diálogo. Sólo de ese modo sería posible descomprimir la agenda internacional, a la vez que se da lugar a la nueva agenda que ha ido configurando desde el G20. Caso contrario, la fragmentación se profundizaría y la falta de una estrategia de vinculación exitosa de los EEUU hacia regiones del Sur Global, produciría, en primer lugar, una mayor competencia confrontativa con China.
Más allá de que la priorización de los EEUU seguirá siendo disputar y negar el multipolarismo emergente principalmente desde el conflicto en Ucrania, la construcción exitosa de estrategias internacionales para tal fin, dependerá de una vinculación más clara e integral con regiones como América Latina, por ejemplo. La tendencia provocativa del electo presidente de dicho país, Donald Trump, escondería una apuesta principalmente negociadora y tendiente el logro de acuerdos. Sólo desde dicho posicionamiento podrían unos EEUU con múltiples problemas domésticos y fuertes competidores geopolíticos externos, aliados entre ellos además, llevar a cabo exitosamente políticas afines a sus intereses.
La firma del Acuerdo entre la UE y MERCOSUR define una instancia negociadora para este bloque que le da proyección hacia el resto de América del Sur como núcleo duro y central de este espacio civilizacional, al mismo tiempo que le dá hacia América del Norte una posibilidad de relacionamiento externo triangular con la UE. Hacia China, el MERCOSUR también adquiere otro cariz. De este modo, el bloque queda lanzado como actor en el mundo multipolar. Brasil es el socio principal y miembro del BRICS, pero la Argentina será la encargada de articular con los EEUU espacios de entendimiento y diálogo estratégico, por lo que su rol hacia dentro del MERCOSUR y América del Sur será clave para el logro de consensos creativos y dotación de dinamismo a dicho proceso.

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