LA DESGLOBALIZACION, UNA CURIOSA PARADOJA DE LA GLOBALIZACION

Los países en teoría adalides del liberalismo buscan frenar el avance económico y tecnológico de  China desde la desglobalización. La realidad indicaría que no lo estarían logrando. Entonces, un régimen no liberal contiene la semilla del éxito económico en un orden político crecientemente multipolar?

La formulación puesta de ese modo simple y sintético plantea una cuestión pragmática y antigua como la humanidad de lucha de poder en la comunidad internacional.  La evidencia de esa realidad se observa en los números de comercio e inversión global que, no sólo no se han frenado, sino que se han incrementado. El cambio que se nota en el actual contexto internacional de tensión geopolítica es en las corrientes de desacople de Occidente con China y la relocalización de inversiones y flujos  comerciales en países amigos. Sin embargo, si bien este proceso ha conducido a un desarrollo más autonómo de China, esto no ha implicado una disminución de la participación china en los flujos económicos internacionales. 

Es decir, se da un fenómeno en el que el factor tecnológico explica desarrollos económicos crecientes aún en espacios de regionalización económica con una matriz geopolítica. Este proceso se explica además por las activas políticas estatales que favorecen la innovación, el desarrollo tecnológico y hasta procesos de una nueva reindustrialización, de tipo estratégica y focalizada. Barreras comerciales incompatibles con la normativa de la Organización Mundial del Comercio (OMC) no sólo se han puesto en boga, sino que actualmente se parecen a las barreras en el sector agrícola, siempre presentes, lo que marca un retroceso en los logros conseguidos en los sectores que se habían liberalizado (industria y servicios en menor grado).

Este escenario muestra no sólo un proceso de regresión en la liberalización del comercio, con los perjuicios que produce a la ciudadanía del mundo, sino que asienta un paradigma no liberal en torno al que las naciones organizan de un modo bastante caótico sus relaciones de poder. Esta realidad es nueva en el orden de la post-segunda guerra mundial, nueva al menos en lo que hace a la universalización de un nuevo paradigma de relacionamiento económico internacional. Además, al considerar el orden de la post-guerra fría la situación también es novedosa, ya que implica la consagración del fin del reinado del Consenso de Washington. 

En realidad esto último ya se había hecho más o menos evidente con el modelo de desarrollo económico seguido por China, Corea y los países del Sudeste Asiático, con políticas estatales activas y exitosas, no precisamente compatibles con los postulados de dicho consenso. El fracaso de Europa en términos de retroceso en posiciones de crecimiento económico, capitalización de sus empresas y desarrollo tecnológico ha llevado últimamente a este bloque a apostar por un modelo de desarrollo similar al de los EEUU. Dicho modelo nada tiene que ver con el Consenso de Washington, sino más bien con esquemas que favorecen desde el Estado los aumentos en productividad e innovación tecnológica y hasta el proteccionismo industrial, con ingredientes de un enfoque con elementos de defensa t seguridad.

El punto de convergencia de tales políticas desde China, EEUU, Europa, Japón y los países de menor desarrollo relativo se da en las restantes potencias del BRICS, según su membresía original. Estos siguen patrones de desarrollo económico relativamente autónomos, constituyen centros de poder en el orden multipolar y cuentan con potencial para apuntalar sectores tecnológicos críticos. 

Estos países propagan activamente políticas económico-comerciales que no son precisamente liberales, las que al final coinciden en su matriz con las del G7, aunque estos han abandonado así su credo liberal.  Las primeras lo hicieron por los desafíos internos principalmente relacionados con estadios de desarrollo incompatibles con las aspiraciones de la sociedad civil, con un punto de inflexión en la crisis financiera internacional de 2008. Además en este grupo se da a influencia del modelo de desarrollo chino, con un régimen político comunista y un económico híbrido. El segundo grupo lo hizo empujado por la pérdida de poder relativo frente al primer grupo y el corte de cadenas de valor internacionales consecuencia de dicha turbulencia financiera, el COVID 19,  el conflicto en Ucrania y los riesgos en Taiwán.

Ambos grupos coinciden en su demanda de recursos  energéticos y alimentarios críticos, en contextos de tensión geopolítica. Esto los lleva a ocupar espacios de poder y control económico en países menos desarrollados, con disponibilidad de tales recursos, lo que acentúa el carácter progresivamente administado y no liberal de los flujos de comercio e inversión. Misma tendencia se da en el control del desarrollo tecnólogico y de los factores del poder digital. De este modo, el actual desorden internacional marcha a paso seguro hacia un posible orden con un mapa político multipolar y un regionalismo económico y tecnológico, principalmente administrado, más que liberal.

El mayor desafío es para los países de menor desarrollo relativo, tal como siempre lo ha sido, que se ven compelidos a llegar a ecuaciones de poder y asociativismo lo más conveniente posibles dentro de sus condiciones de mayor vulnerabilidad y menor  dotación de factores de poder. Es decir, el péndulo entre corrientes más liberales y otras más proteccionistas, puede presentar una oportunidad para estos países al aprovechar ventanas de oportunidades dentro de la ambición y competencia de las potencias de mayor poder en la comunidad internacional. 

Una opción de política complementaria es la inserción en las corrientes dominantes a través de procesos de integración exitosos, cosa que hasta ahora se ha revelado díficil para  América Latina. Una alternativa sería una agrupación o integración selectiva por sectores de interés o de mayor competitividad de tipo transnacional, más que estrictamente geográfica o territorial, aunque con eje en los país de la región afines.  También podrían buscarse nuevos paradigmas de integración desde la interacción del factor cultural con el político y desde allí asentar una proyección internacional, lo que sería muy innovador y como tal, pendiente de formulación y diseño. Los valores republicanos y de respeto a la libertad, así como el humanismo primigenio de estos países serían el cimiento de tal proyecto.

 


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