DILEMAS QUE PLANTEA LA AGENDA DE SEGURIDAD ESTATEGICA AL INSTRUMENTALIZAR OTROS OBJETIVOS DE POLITICA

En este breve escrito me referiré al aspecto mencionado en el anterior artículo de este blog sobre la difícil elección que finalmente tiene por delante el nuevo gobierno argentino, despúes de recibida la invitación del BRICS para sumarse a este grupo a partir del 1ro. de enero de 2024, objetivo que de hecho fue perseguido por los últimos gobiernos de la Argentina, más allás del signo político (Peronismo y Cambiemos). Dicha decisión fue igualmente díficil para el BRICS a sabiendas que el resultado en las elecciones presidenciales del país del sur podía significar un rechazo final a dicha invitación. 

Efectivamente, la llegada al poder de una tercera fuerza, por fuera del aparato partidario político tradicional de este país, definido como Partido La Libertad Avanza, más allá de ser la primera experiencia en la historia de la política moderna de que un partido definido como Libertario llegará a la instancia máxima de poder en un Estado-nación, pone en el centro de un debate más radical diversas cuestiones que en realidad  no eran objeto de consensos socio-políticos en dicho país. De este modo y yendo al aspecto puntual del ingreso al BRICS, la otra fuerza política opositora al gobierno peronista también se pronunciaba por el rechazo a dicha posibilidad. 

En este último caso, la línea argumentativa de tal posicionamiento se relaciona con dos hechos, el  conflicto bélico en Ucrania y la invitación simultánea a la de Argentina a Irán, país con el que el primero mantiene una tensa y distante relación por dos atentados contra objetivos israelíes en la década del '90 (Embajada de Israel y la AMIA), con más de un centenar muertos, en lo que se consideran fueron los primeros atentados de tipo global del extremismo musulmán. El nuevo Presidente de la Argentina, Javier Milei, ha de hecho adoptado tal posición con dichos fundamentos, además de que se ha adoptado un cambio substancial en materia de política exterior, con una viraje hacia posiciones más occidentales. 

En realidad, la posición definida  por Milei desde la campaña electoral tanto en política interna como internacional tiene como eje el respeto a la libertad, como principio y base del comportamiento del individuo en sociedad y del Estado en su relación con ambas instancias. La creciente percepción de que el BRICS está siendo conducido por intereses principalmente vinculados a una agenda de seguridad en el contexto de las fuertes tensiones geopolíticas y militares actuales (China y Rusia por un lado y los EEUU y la OTAN por el otro), sería contradictoria con los principios originales por los que se creo el BRICS: una agenda variada y compleja que tiende a crear instancias de diálogo político para una arquitectura más inclusiva y equitativa en el mundo.  

Además, si bien la Argentina podría beneficiarse de posibilidades que brinda este grupo en términos de  comercio e inversiones o facilitación de acceso a fuentes de financiamiento y transferencia de tecnología, también es un dato real que la opción por los BRICS, en el marco de las tensiones internacionales actuales, implicaría una toma de posicionamiento geopolítico y estratégico que años atrás no eral tal. La alta política y los interes estratégicos en juego se imponen por  sobre los demás factores de poder. Por tal motivo y atento a cuestiones de interés vital de la Argentina,  como el tipo de inserción internacional más coherente con su tradicional posicionamiento neutral y de potencia mediana con liderazgo regional, la cuestión del ingreso  al BRICS es muy diferente a cuando este grupo surgió y se desarrolló en el marco de una fuerte corriente globalizadora. 

Desde el punto  de vista de los valores, también es una decisión que exige sopesar el hecho de que los nuevos miembros la única democracia y con estándares respetables y reconocidos de respeto a libertades indivuales, es la Argentina. Una opción equivocada tiene el potencial de acarrear más marginación internacional que inserción, por una simple cuestión a que los  BRICS han sido absotivos por una confrontación internacional que está más allá de los objetivos de política originales que guiaban la aspiraciòn argentina de ingresar a dicho grupo. 

La opción de no ingresar al BRICS, llevaría a la Argentina a un mayor esfuerzo en su relacionamiento con los países de la región, como ámbito tradicionalmente más inmediato y prioritario de su polìtica exterior, al margen de su actual realineamiento occidental con potencias extra-regionales, como los EEUU y Europa. 

Finalmente, como en otros momentos de la historia argentina, la  Cuetión Malvinas, como política de Estado, plantea un punto de inflexión para este país en sus opciones de política. Por ser un tema propio de la agenda de seguridad y estrategia, vital para los intereses argentinos, la opción no confrontativa con intereses occidentales, que se podría deducir de la renuncia a la membresía al BRICS, podría plantear nuevos escenarios de negociación con el Reino Unido, potencia invasora en las Malvinas, islas del Atlántico Sur y espacios marítimos circundantes. Aunque dicho escenario no sería tan factible de producirse, según se deduce de la posición intransigentemente no negociadora y esquiva que se observa por parte del Reino Unido desde el fin del conflicto bélico de Malvinas en 1982.

Asimismo, su carácter  de país reclamente en la Antártida y la definición de un "mapa bicontinental" plantea lineamientos de política territorial  que traen por efecto el diseño de políticas de seguridad, económicos, culturales coherentes con dichos intereses nacionales que se extienden sobre una superficie prácticamente igual que la continental. En este marco, toda opción de política exterior tiene una proyección de alta relevancia sobre el  conjunto del país, sus bases y principios constitutivos, y su proyección a futuro.

 


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