OCCIDENTE BUSCA UN FARO QUE ILUMINE Y GUIE SU DEVENIR HISTORICO
Hace un año atrás en este blog consideraba los efectos de la securitización de la agenda internacional, con la consiguiente irrupción de la geopolítica en un orden internacional otrora liberal, y la significancia de todo esto para un liderazgo político de nuevo tipo en la Argentina (ver Dilemas que plantea la agenda de seguridad estratégica al instrumentalizar otros objetivos de política, 29/11/2023). Actualmente, los condicionantes internos y externos han moldeado un enfoque más pragmático desde el gobierno libertario de este país, a la par que se ha transformado, en ciertos aspectos, en un modelo para la principal potencia, los Estados Unidos. Qué hay detrás de estos procesos?
Dicho enfoque más versátil en política exterior del gobierno de Milei se observa en la Cumbre del G20 en Brasil en noviembre, donde la Argentina se adapta a la agenda, so pena de quedar marginada del G7, además de los países de América Latina allí presentes, entre los que predomina la división. Hay temas de dicha agenda que son muy afines a las prioridades de los países europeos, además de hacer parte de la Agenda 2030 y del Pacto del Futuro, ambos rechazados por la Argentina. De ese modo, este país firma la Declaración de Líderes y la Alianza Global contra el Hambre. Así, Argentina da tranquilidad a los países del G7, que la tienen como su principal aliado en la región, al mismo tiempo que deja sin argumentos al Presidente de Brasil, Lula da Silva, que alienta la tesis de la anormalidad argentina actual.
Al mismo tiempo, en las márgenes de la dicha reunión, la Argentina firma un acuerdo energético muy relevante para la provisión de gas a Brasil y mantiente una importante reunión con el Premier chino, Xi Jinping, además del Primer Ministro de la India, Narendra Modi. Para completar el aparente acertijo se reunió con Kristalina Georgieva, Directora del FMI. Es decir, así como la suscripción de los documentos del G20 está acompañada de manifestaciones expresas de las diferencias argentinas sobre la Agenda 2030, Medio Oriente y Ucrania, en las reuniones matenidas se observa la pura búsqueda de interés nacional, más allá de simpatías políticas y /o rivalidades entre las potencias mencionadas.
Por otra parte, se podría hacer la lectura de que en este G20 la Argentina juega como "un BRICS", sin embargo, esto se ve atemperado por una cuestión general, mencionada en otros artículos de este blog. Dicho punto es que la agenda del llamado Sur Global se ha ido impregnando paulatinamente en la agenda del G20 tras las sucesivas presidencias de dicho grupo por parte de Indonesia, India y Brasil. Este fenómeno se relaciona con un mundo más multipolar que antes del conflicto en Ucrania, lo que también se vincula con el BRICS y el tipo de acuerdo que implícita o explícitamente reúne a los países que en él se agrupan.
Este aparente triunfo esconde la realidad de que el actual G20 tiene lugar a sabiendas que en dos meses el liderazgo de la principal potencia del mundo, los EEUU, pasa al nuevo presidente electo, Donald Trump. En tal sentido, la afinidad de posicionamientos entre Milei y Trump sobre temas como la Agenda 2030, Cambio Climático o impuestos internacionales a grandes fortunas, hacen que el primero sea como un precursor de los nuevos aires por llegar a tal foro y al mundo. Entonces, qué tan firmes son los acuerdos suscriptos si la principal potencia termina por orientarse en un sentido opuesto o hacia un enfoque con otras prioridades o acercamientos a objetivos similares?
La Argentina como precursora de políticas que moldearán la política internacional es un fenómeno principalmente visible en el factor cultural estratégico en la toma de decisión política, tema que moldea este blog desde sus inicios. En materia económica, el "modelo argentino" no cuadraría en las políticas anunciadas por el nuevo presidente electo de los EEUU. Este tampoco innovará, sino que profundizará la faceta de seguridad nacional en política económica, incluyendo lucha contra drogas, migración, defensa, seguridad energética y políticas industrialistas en la formulación económica.
El cariz radicalmente liberal asumido en materia económica por Milei es coherente con la defensa de los valores de libertad asumidos por su gobierno. Qué tanto la realidad le permitirá a este país seguir tal curso de acción, ya se vio en la reunión del G20 arriba mencionada. Sin embargo, el esfuerzo por guardar una línea de formulación y gestión de políticas es serio, con resultados macroeconómicos positivos, aunque socialmente aún predominen las secuelas del fuerte ajuste. La necesidad de este país del apoyo de los organismos internacionales de crédito lo lleva a buscar y mantener relaciones de poder inteligentes y adecuadas con las principales potencias económicas del mundo, incluyendo China.
En ese punto, es donde la Argentina de Milei incorpora la geopolítica en la ecuación económica, tal como se observa en el último G20. Pero, lo hace de tal modo que se ubica en la bisagra entre los países del BRICS y las potencias occidentales. El planteo argentino es en el fondo: El G20 no está promoviendo soluciones reales a los problemas actuales, no obstante lo cual suscribe los documentos allí discutidos. El problema de fondo en el mundo es de representación política, de un llamado a la clase política y a las estructuras de retornar a la población civil para devolverle el respeto a los valores culturales, cívicos y políticos republicanos.
Desde esa reivindicación auténticamente democrática será posible hablar seriamente del uso y administración de bienes críticos para el desarrollo de las naciones y, desde dicho espacio, para la dinámica armónica de la comunidad internacional. El anhelo de las llamadas potencias revisionistas, en efervescencia política principalmente desde el conflicto en Ucrania, a ser incorporadas en la mesa de decisión internacional se relaciona con lo que la Argentina está promoviendo, un retorno a las bases desde sus valores primigenios. La Argentina como bisagra articuladora entre ambos mundos es posible, siempre que conserve su originalidad, no ideologice su agenda y proyecto y dé un paso superador para promover el diálogo y consensos nacional, regional e internacional.

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